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Cartagena de Indias: 05-09-2015 08:13:42 AM
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Articulo 4596/112009 publicado el 11/11/2009
Pedro Romero sonaba como las campanas de la catedral anunciando la independencia de España

El 11 de noviembre de 1811, el vozarrón del fundidor cubano Pedro Romero, sonaba como las campanas de la catedral, anunciando la independencia absoluta de España, luego de que una muchedumbre agitada asaltara la sala de Armas situada en la Plaza de la Aduana.

Armados y resueltos entraron a donde sesionaba la Junta de Gobierno de Cartagena. Los agitadores tenían adicionalmente el respaldo del batallón patriota Lanceros de Getsemaní, liderados por el cubano Romero, cuya estatua conmemorativa vemos hoy en la plaza de la Trinidad en Getsemaní. La junta no dirimía sus diferencias y había en ella dos bandos en disputa, lo que demora las decisiones. Quienes penetraron en la sala se amarraron los pantalones y agraviaron de palabra a quienes se oponían a la declaratoria de independencia absoluta de España. Lo que inclinó la balanza a la decisión definitoria.
En medio de improperios y actitudes amenazantes se aprobaron la declaratoria de independencia absoluta de España, el destierro de los implicados en actos contrarrevolucionarios y la convocatoria de una convención constituyente para los primeros días de 1812.

El comisionado Muñoz anunció a la muchedumbre la declaratoria de Independencia absoluta. Se procedió a publicar el acta, a sonar matracas en las esquinas y a leer el bando, propagando a los cuatro vientos la firme decisión de separarse para siempre del yugo español, y de "derramar hasta la última gota de sangre antes que faltar a tan sagrado comprometimiento"., signado por el pueblo enervado y radicalizado. Al año siguiente cuando se aprueba la Constitución del Estado de Cartagena, figuran entre los signatarios dirigentes populares como Pedro Romero y Cecilio Rojas.
La voz del pueblo

Pedro Romero gritaba a voz en cuello, porque Cartagena era una ciudad de 16.361 habitantes, cuya población en más de un 60% estaba compuesta por negros, zambos, mestizos, mulatos, pardos y había que hacerse oír y entusiasmar a las masas que querían un cambio tan profundo en el principal puerto del mar Caribe, donde bullían las ideas de Libertad, Igualdad y Fraternidad derivadas de la revolución francesa.

Hoy no se recuerda con júbilo el coraje, la visión y la gloria de nuestros patriotas, pues la fiesta ha derivado en una celebración chambona, carente de significado donde el heroísmo no es más que un capítulo olvidado, pues vivimos en una sociedad atávica, donde los valores de antaño no tienen cabida y donde los ideales son una cartilla desaparecida del concierto local, desde aquel lejano 11 de noviembre de 1887 en que el presidente Rafael Núñez, hizo estrenar en el teatro Variedades de Bogotá, el Himno de la República de Colombia.
El grito de Pedro Romero ya no se escucha, ni siquiera hay quien lo remede y muy pocos lo recuerdan, entre ellos el poeta Pedro Blas Romero y el abogado Antonio Laitano Leal. Así es Cartagena, una ciudad con muchos títulos y muy poca memoria, pues prefiere olvidar a los grandes y convertir en festejos vanos la conmemoración de la Independencia.

Ya Cartagena en un breve período de tiempo cumplirá en 2011 doscientos años de independencia, pero la ciudad esclavizada por los bandidos y desfalcadores sigue sitiada por la miseria, el dolor y el abandono.
 

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